Tiene la Fiesta de Isora tres puntos álgidos, La Gorona, San José y La Concepción, o lo que es lo mismo, la recogida, la llegada y la despedida, porque si bien esta última exige el traslado a La Villa, transitar por las calles de la capital herreña y “sentar” en La Concepción, es un deber y privilegio que recompensa con creces un largo día, que se volvió regular en 1961 cuando la Patrona comenzó sus visitas a Isora, pueblo en el que estuvo por primera vez en un descanso en 1953 en su camino a la capital herreña procedente de El Pinar.

Arrancó la jornada con el tradicional recorrido procesional por las calles de el pueblo en dirección a la parada de Tompérez, previo paso por los Cercados Viejos.
Se estira el recorrido hacia los rincones que no visita la Madre Amada en su llegada, lugares que conocieron en otros tiempos a muchos vecinos, hoy muchos hogares en el recuerdo, pero los mismos nervios, la misma amabilidad y agasajos para la Patrona, también para los que caminan a su vera.
La Asomada marca la vuelta cuando desemboca en Ferinto, también momento para la loa y los productos de la tierra, también, de horarios, del compromiso de la partida, apenas en sol ha pasado un grados del mediodía, cuando ya el impasible paso del tiempo está marcando la cercanía de la partida tras un breve descanso en San José.
Para el resto de la jornada, el traslado, el transito por Los Llanos, La Cuesta y Tiñor; la bajada por Honduras, la alegría del toque en las calles de La Villa, y el silencio en La Concepción después del ¡viva la Virgen!.

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